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Revisión de educar, no lucrar

12 de Diciembre, 2018 | Argentina

¿Cómo llega el discurso de la calidad empresarial a la educación pública?

Cada vez resulta más común escuchar sobre iniciativas que buscan el “aseguramiento de la calidad en la educación”, sin que medien mayores reflexiones sobre cómo se decidió que se podía implantar la perspectiva de la calidad de os procesos manufactureros y productivos a los procesos educativos.

A continuación se revisa la “Guía para la Interpretación de la norma ISO 9001:2000 en la educación”, del Instituto Argentino de Normalización y el artículo sobre “Las normas de calidad ISO 9001:2000 como instrumento para la certificación de organizaciones educativas”, de Javier Augusto Nicoletti. Con la revisión de ambos documentos se busca comprender mejor cómo es que se ha implantado la lógida de la calidad de los procesos de manufactura en el proceso educativo.

El ente rector a nivel mundial sobre los estándares de calidad es la Organización Internacional de Normalización (ISO por sus siglas en inglés), la cual diseña normas (protocolos) para medir la calidad de los procesos.

Las normas ISO 9001 y 9004 (elaboradas por la Organización) establecieron mínimos para controlar la calidad de los procesos. Para ISO, un proceso se describe como “Una actividad que utiliza recursos, y que se gestiona con el fin de permitir la transformación de entradas en salidas, puede considerarse como un proceso” (IAN, p. 9). La educación “cupo” en la norma pues se hace la lectura de la educación como un proceso según esta definición.

Para Nicoletti, “el objetivo estratégico de una organización educativa debería ser la mejora continua de sus procesos para aumentar su desempeño y beneficiar a las partes interesadas” (p. 95). Como partes interesadas se entienden a las y los estudiantes, así como los sectores sociales que se ven beneficiados de que la población sea parte de un proceso educativo (familias, comunidades, gobierno, sector productivo/empresarial, financiadores o patrocinadores, organizaciones políticas y sociales, etc).

Según ISO, un cliente es una persona que recibe un producto. Un producto es el resultado del proceso (con entradas y salidas definidas). En el caso de la enseñanza- aprendizaje, “el producto es la educación, entendido como la mejora en las aptitudes intelectuales, competencias, hábitos y conductas del educando” (p. 14).

 A partir de estas definiciones, se establece que en el proceso educativo los clientes son:

1. Educandos
2. Padres o tutores
3. Organizaciones que contratan servicios educativos
4. Estado Nacional, provincias, municipios cuando contrata servicios para terceros

5 .Empleadores y futuros empleadores
6. Organizaciones educativas receptoras de educandos provenientes de un nivel diferente o inferior de formación”. (IAN, p. 13)

Estas figuras serían “clientes” no del proceso educativo, sino de una institución educativa. Esto podría explicar porqué en el lenguaje sobre calidad se insiste cada vez más en desincentivar el sentido del sistema educativo y reiterar el rol de cada centro educativo y cada docente prácticamente de forma aislada.

La norma ISO establece 8 principios para la gestión de la calidad:

  1. La organización enfocada la cliente.
  2. Liderazgo.
  3. Participación del personal.
  4. Enfoque basado en procesos.
  5. Enfoque de sistema para la gestión.
  6. Mejora continua.
  7. Enfoque basado en hechos para la toma de decisiones.
  8. Relaciones mutuamente beneficiosas con los proveedores.

Estos principios los hemos visto aplicados a la educación pública en sus diferentes niveles y modalidades. La mayoría de las veces, se rescata un principio más que otro, según le convenga a quien maneje el discurso sobre la calidad. Por ejemplo:

Principio 1.

La organización enfocada la cliente.

 

Cada vez más se describe a las y los estudiantes y a sus familias como clientes de la educación quienes pueden “reclamar” que la educación sea un “producto” o servicios de calidad. Esta definición disminuye el papel de estudiantes y familias como sujetas y sujetos del proceso educativo que pueden tener una participación activa en la definición y el sentido del proceso mismo.

 

Principio 3.

Participación del personal.

 

Este principio suele ser mayoritariamente ignorado, en especial cuando se promueven negociaciones en las que están ausentes los sindicatos docentes o cuando se impulsan campañas para denigrar y responsabilizar a las y los trabajadores de educación de cara a los resultados de los procesos educativos.

 

Principio 7.

Enfoque basado en hechos para la toma de decisiones.

 

El proceso educativo siempre se ha basado en hechos para la toma de decisiones, de hecho la mediación en el aula de clase cuenta con procesos de evaluación y mejoras constante. No obstante, quienes impulsan el discurso sobre la calidad estandarizada ha querido arrojarse como suya la práctica de tomas decisiones según la evidencia e insisten en que la educación se puede innovar integrando más procesos de evaluación. No obstante, esta evaluación suele perder de vista el principio 5 sobre “Enfoque de sistema para la gestión” pues durante las últimas dos décadas la región ha sido inundada de proyectos basados en la evaluación docente y estudiantil, pero no en la evaluación con mirada sistémica. Con ello, se toman decisiones basadas únicamente en los hechos relacionados con dos componentes del sistema (docentes y estudiantes).

 

 

 

 

 

Fuentes

Nicoletti, JA (2008). Las normas de calidad ISO 9001:2000 como instrumento para la certificación de organizaciones educativas

Tomado de
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4814470.pdf

Instituto Argentino de Normalización (2000). Guía para la Interpretación de la norma ISO 9001:2000 en la educación.